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La instalación de una colección escultórica, de dibujos y de obra gráfica de Salvador Dalí en un antiguo edificio palaciego del centro urbano de la ciudad de Madrid, supone un original encuentro entre su creación, que parte de la expresión artística de un artista transgresor de su tiempo y de su espíritu conservador en los aspectos más íntimos de su personalidad, con un espacio transformado y marcado por los acontecimientos en el tiempo.

A Dalí no se le conoce principalmente como artista escultor, sin embargo, sus intervenciones en este campo han demostrado a lo largo de las últimas décadas que fue un visionario en la plástica estética de la modernidad. En la década de 1973 a 1980 realizó un conjunto extraordinario de esculturas en cera con sus propias manos; un proceso individual que expresa su interés en la obra tridimensional. Con su método paranoico-crítico, plantea la materialización de las imágenes de una manera científica y simbólica. Ese proceso mental también le lleva, al final de su vida, al descubrimiento de la escultura como expresión plástica de su propia dialéctica artística.

En este proceso la figura de Gala emerge como la impulsora de estos proyectos. La profunda simbiosis entre Gala y Dalí, se expresa en palabras de Gala cuando afirma que el artista será uno de los grandes autores de la escultura: “Tu Dalí, escultor, serás considerado único. También en esta técnica revelarás tu grandísima genialidad y tus posibilidades de transformación y de capacidad creativas. Serás solamente grande”. De ahí que la originalidad de la obra escultórica, cuya intención primigenia es practicar el gigantismo en la escultura, resida en la opción de apostar por el clasicismo y el surrealismo en perfecta conjunción temática. A esta unión se suma la experiencia estética del autor, destacando la esencia misma del artista.

Lo que define esta colección escultórica respecto a otras obras creadas por el genio de Dalí es que son realizadas sin corresponder a un encargo o por motivos económicos. Surgen de su espontánea decisión de generar volúmenes que plasman sus propuestas surrealistas en el ámbito tridimensional, como objetos únicos y originales. Las personas que conviven con el artista en estas fechas expresan los detalles de su ejecución a través de escritos, siendo Enrique Sabater, Albert Morse y Antonio Romero quienes definen con mayor precisión esos momentos de creatividad daliniana.

El edificio

El palacio Gaviria es una arquitectura que simboliza el triunfo de la burguesía financiera del siglo XIX, con un personaje Manuel Gaviria Alcova, un influyente banquero de origen sevillano. Gaviria, que había participado en la creación del Banco de Isabel II, era un claro representante de la clase adinerada que accedió a la nobleza gracias a su éxito en los negocios financieros. La obra fue realizada por el arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel, una figura clave en la introducción de este estilo en la arquitectura madrileña de la época. El edificio será un reflejo de las aspiraciones sociales de su creador y su construcción es un modelo del estilo ecléctico en España, con influencias de los arquetipos europeos del momento.  El edificio también reúne parte de la historia del siglo XIX español destinado a convertirse en un modelo de arquitectura palaciega isabelina, que supone el símbolo de una nueva burguesía financiera, al romper los moldes anquilosados de la monarquía tradicional.

Salvador Dalí, a lo largo de su vida tuvo gran interés por recuperar lo antiguo como espacio ideal para ubicar su obra, así lo hará con el antiguo teatro de Figueres, cuyo recinto también conservaba parte de la muralla de la ciudad, que dará forma a la torre Galatea. Y con la adquisición del castillo de Púbol, que es una mezcla perfecta entre la arquitectura medieval y el surrealismo del artista, por puro romanticismo. Dalí veía los castillos y edificios históricos como lugares oníricos, cargados de energía del pasado. También en este espacio de Gaviria se conservan elementos del más puro romanticismo de la época, que enlazan con la simbología de algunas de las piezas dalinianas, como son: la gran escalera monumental, el patio andaluz, el salón de baile y la capilla, que combinan su ámbito con sucesivas y recurrentes salas intermedias de fácil acceso y distribución.

En Gaviria el eclecticismo de su arquitectura permite la ruptura con las normas, y su volumen se integra en un espacio tridimensional donde las esculturas de Dalí pueden ser contempladas en toda dimensión: visual, emocional y conceptual. La puesta en valor de estos elementos estructurales conforma una atracción especial al visitante, en perfecta vinculación con el recorrido artístico que se muestra. Cada uno de las salas expositivas del palacio constituye una parte de la personalidad artística y creativa de Dalí.

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